Moda Rápida -S11N3

 Moda rápida: la industria que desviste al planeta

La moda rápida tiene presencia en prácticamente cualquier centro comercial y nos cautiva porque con ella podemos lucir una apariencia moderna a precios accesibles. Sin embargo, se trata de un modelo de negocios altamente contaminante y controvertido.


Nuestra manera de vestir influye en cómo nos relacionamos con las personas, nos da sentido de pertenencia y nos ubica en un determinado estrato social, queramos o no. En diferentes lugares y momentos de la historia se promulgaron leyes que dictaban los tipos, colores y materiales de las prendas que se podían usar. El objetivo, de acuerdo con la historiadora inglesa Aileen Ribeiro, era que nadie se vistieran por encima de su clase social. Aunque hoy en día sigue habiendo códigos de vestimenta, lo que escogemos para ponernos ahora depende más bien de las tendencias de la moda y de nuestro presupuesto. Durante la segunda mitad del siglo XX el precio de la ropa aumentó a un ritmo menor que el de otros productos por el consumismo en este sector.

Para hacer una prenda artesanalmente, primero hay que ir a la toma de medidas, luego hay que hacer o escoger un diseño, después hay que elegir la tela y finalmente esperar a que la prenda esté lista para probárnosla y enamorarnos de ella o hacer los ajustes pertinentes. Podríamos decir que esta forma individualizada de producción constituye una especie de moda lenta. Hoy en día, la ropa prácticamente ya no se elabora así, sino bajo el esquema de ropa producida con medidas estándar que espera en anaqueles a que vayamos a comprarla. La idea de la rapidez en la moda rápida o fast fashion no se refiere solo a la velocidad de los procesos de producción y venta de la ropa, sino también a la brevedad del tiempo que la usamos. Este tipo de ropa suele hacerse con materiales de mala calidad y con acabados pobres, así que muy pronto se desgasta o se rompe. Aunque podríamos usarla por más tiempo si hacemos algunas composturas, hay una segunda razón que nos decide a desecharla: pasa de moda.

Es muy difícil tener cifras precisas del impacto ambiental de la moda rápida porque se trata de una industria global cuyos procesos ocurren en países diferentes. Aun así, se pueden hacer estimaciones. En 2017 el foro para la sustentabilidad en la moda Global Fashion Agenda y la consultoría estadounidense The Boston Consulting Group, publicaron un reporte en el que estiman que en 2015 la industria de la moda fue responsable de la generación de 1 715 millones de toneladas de emisiones de CO2 equivalente, del consumo de 79 000 millones de metros cúbicos de agua y de la producción de 92 millones de toneladas de desechos. También estimaron que, si la industria de la moda no cambia sus procesos, estos números aumentarían en un 50 % para 2030.

Los países más atractivos para las empresas de moda rápida son aquellos en donde las normas sociales, ambientales y económicas son menos estrictas. La ropa requiere de agua en varios momentos de la cadena de producción. Para estimar con mayor fidelidad cuánta, no hay que dejar de considerar el agua con la que se regaron las plantas o la que se dio a beber a los animales de los que se extrajeron las fibras. Para producir un kilo de algodón, por ejemplo, se necesitan aproximadamente 10 000 litros de agua (suficientes para que una persona se mantenga hidratada durante 13 años), y con esta cantidad de algodón apenas alcanza para una playera y un pantalón de mezclilla. Las telas luego se sumergen en baños de agua mezclada con diferentes productos químicos para blanquearlas, hacerlas más maleables, dispersar y fijar los pigmentos y, finalmente, lavarlas. Tan solo en India, en donde el agua potable es un lujo, estos procesos húmedos requieren de 1 600 millones de litros de agua diariamente.


Fuente: ¿Cómoves?
https://www.comoves.unam.mx/numeros/articulo/257/moda-rapida-la-industria-que-desviste-al-planeta




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